Fútbol, mucho más que un deporte
Para muchas personas, el ya conocido balonpie o fútbol, solo es un
deporte deonde 2 equipos de once jugadores tratan de introducir un balón en la
portería del contrario impulsándolo con los pies, la cabeza o cualquier parte
del cuerpo excepto las manos y los brazos. En realidad no suena nada
complicado, ya que básicamente éstas son la mayoría de las reglas de este
deporte; pero es mucho más complejo, es decir, para los fanáticos y grandes amates
de este arte puede llegar a ser su vida y darla por un equipo, ya sea en la
cancha o en la porra, que es donde podemos encontrar toda la rivalidad y la
lucha por el triunfo.
Además de ser un deporte olímpico, el más
practicado, el más popular en el mundo, también es una industria que no solo
produce dinero, sino tantas emociones y snetimientos como podamos imaginar.
En cada equipo hay un portero y diferentes posiciones las cuales
permiten jugar con una técnica en específico, además de ser una actividad física
donde los 11 jugadores de cada equipo dan su mejor esfuerzo, detrás existe un
sin fin de estratégias, como en un juego de ajedrez, todo reace en el talento,
la práctica y la forma en que la dinámica en equipo se va desarrollando, todo con el fin de saborear
la victoria.
Es complicado entender de dónde nace el amor
a este deporte: siendo que los jugadores están bajo la mirada de todo un
universo y cada paso que dan, simplemente sirve para que sean juzgados, sean
llamados héroes o villanos, ganando el amor o el odio de las masas.
Fuera de todo este contexto, es un deporte
que requiere un alto nivel de concentración y compromiso, donde tienes que
darlo todo por 90 minutos de juego. El fútbol sirve de inspiración porque desde
hace mucho tiempo hemos visto como jugadores sobresalentes nos enseñan a su
manera lo que es eforzarte por una meta, trabajar en equipo y respetar en todo
momento las reglas, valores como estos son los cuales deberían regir a los
gobiernos. Que burdo resulta que un “simple deporte” nos muestre y enseñe esto,
mientras que nunca hemos visto reflejado nada de esos valores en el resto de la
política.
Por Rodrigo Gómez
Ortega


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